Visitando Lastres
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Terminamos todos contemplando el mar de Lastres en calma, sus barcos de pescadores y el atardecer de un día glorioso, en lo alto del puerto. Con un chupito en la mano y el sonido de nuestras risas como banda sonora. En ese momento, Onésimo contaba uno de sus viajes. Aquel que hizo a lomos de un caballo, atravesando picos y montañas para llegar a Boñar (León) desde Asturias.
Y es que la salida oficial de club del pasado domingo, 27 de abril, comenzó bien y terminó mejor. Fijamos como punto de encuentro la gasolinera de El Remedio (Lieres). Allí, llegaron puntuales a las 12, Balta, Balduno y Rita, Onésimo y Loli y Amadeo y Demelsa. El día prometía. Cielo despejado, temperatura agradable y ni una gota de viento. Las alforjas llenas y los ánimos contentos.
Carretera y manta por la nacional hasta enlazar con la carretera de Cabranes. Y de allí a Torazo. En la Hostería de Torazo empezamos con la sesión vermouth casi al mismo tiempo que Fernando Alonso rompía en Montmeló. Cuando se retiraba él dejándonos a todos con la miel en los labios, me unía yo al grupo con mi hija, Sofía. En la Hostería de Torazo las cervezas ayudaron a aplacar el calor y la sed y alguno se acordó de nuestros compañeros Toni, Juan Carlos, Luís y Ana, Chema, Enrique y Andrés que a esa misma hora ya debían estar rodando por tierras gallegas, en uno más de los múltiples viajes a lo largo y ancho de nuestra piel de toro, que el club realiza para asistir a fiestas y concentraciones.
Siguiente parada: Lastres. Enfilamos la carretera que va de Cabranes a Colunga, más por casualidad que por decisión. Y el error de cálculo se convirtió en una ventaja, pues descubrimos una ruta guapa donde las haya, si bien alguno consiguió igualar el dibujo de las ruedas con el trazado de la carretera.
Una vez en la localidad marinera, hicimos parada y fonda en El Rápido. Allí, sacamos mantel y platos, empanadas, tortillas, embutido, pimientos asados, queso y unas buenas jarras de cerveza fría. Cada cual aportó lo suyo. Y todos disfrutamos de lo de todos. Un picnic en toda regla y con mayúsculas.
El café y el chupito al puerto. En El Bitácora, en donde se nos unió Mayer, rematamos la faena y pusimos la guinda al pastel.
Y digo yo…. ¿no tocará la primitiva para poder entamar una de estas todos los días?
Texto y Fotos: L.S.D. |
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